miércoles, 9 de enero de 2013

El Aji Margariteño .... camino a la D.O.C.



Es protagonista de la sazón venezolana. Inconcebible un guiso sin su presencia. Su sabor fuerte y no invasivo se expresa como un toque innegable de identidad en nuestro argot culinario. Pero el ají dulce margariteño se distingue del resto de sus congéneres por su fragancia y sabor, casi picante sin llegar a serlo. Éste produce un picor en la punta de la nariz, pero definitivamente no pica en la boca… salvo uno que otro travieso que se cuela de vez en cuando.


Sus colores van desde el rojo brillante y pasan por naranjas, amarillos claros y oscuros, verde, mezclas de varios colores y asalmonados. Además, sus formas caprichosas recuerdan a los famosos tomates margariteños, también excepcionales.
Tan fuerte y concentrada es su fragancia y su sabor, que en la isla de Margarita de vez en cuando los mezclan con “los navegados”, es decir, los procedentes de tierra firme, porque los locales son más costosos. Sin embargo, para evitar esta situación, productores locales se han ocupado no sólo de recuperar y clasificar las clases de ají que se cultivan en tierras neoespartanas, sino de dedicarles mucha atención para obtener un producto de calidad que será seleccionado y empaquetado. Así, se ofrece a los consumidores bajo un sello de garantía, que expresa en primera persona el nombre del productor.



Cualquier supermercado en Margarita expende varias marcas de ají cuidadosamente cultivado, seleccionado y puesto en anaquel. Sus productores se ubican en distintos lugares de la isla: desde la seca y ventilada Punta de Mangle y los fértiles valles de San Juan Bautista, hasta los lugares más cercanos al mar como Juan Griego y Sabana de Guacuco. Sin embargo, siempre se pueden encontrar puestos a la orilla de las carreteras donde, por lo general, venden los de color amarillo.



Los productores aseguran que el ají, mientras nazca y crezca dentro de los límites de la isla, conserva sus características. En este caso hasta se puede hablar de terruño o terroir. Incluso afirman que, cuando se plantan las semillas en tierra firme, conservan el color e incluso la forma, pero cambian radicalmente de gusto y fragancia.



Los trabajadores de la tierra están plenamente identificados. Las semillas y los procedimientos para su siembra y trato están claros. Incluso, los ingenieros agrónomos Sergio Somov y Vicente Michelena elaboraron para la FAO un Manual práctico para la producción artesanal de semilla de ají margariteño, donde se especifican estos aspectos. Las características de la isla y del producto están dadas para convertirlo en el cuarto producto venezolano de Denominación de Origen Controlado, tal como sucede con el cacao de Chuao, el Cocuy de Pecaya y el Ron de Venezuela. Es cuestión de que se unan los productores y el Estado para hacer surgir esta empresa.