Para saber si un pescado es fresco y por tanto es un pescado de calidad y perfectamente apto para el consumo humano es importante tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:
1) Los ojos: unos ojos saltones y brillantes son sinónimo de frescura.
2) El color: deben ser vivos, no deben lucir opacos.
3) Las agallas y las escamas: las agallas deben verse rojas y fuertes, que se resistan a abrirse. Las escamas deben llamar la atención por lo reluciente.
4) El olor: la creencia de que el pescado tiene mal olor, aquí se pone a prueba. Al contrario, el pescado fresco huele bien. Cualquier olor parecido al amoníaco es sinónimo de que el pescado no está fresco.
5) La dureza: si el pescado es de escamas blandas, se puede pulsar la carne; si cede, el pescado no está fresco. La carne debe sentirse firme.

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